Bottiglie / Bottles por C'est moi!.

 

Hace ya dos años que puse en marcha este tinglado. O por ahí. ¿Y qué hacemos para celebrar el acontecimiento?. Nada, no vamos a hacer nada. Consignar una vez más que seguimos en pie, inasequibles al desaliento (no me resisto a recurrir al tópico esta vez, viene al pelo) lanzando al mar una botella vacía detrás de otra con sus correspondientes mensajes dentro del vidrio. Porque -seguro que de eso sí que se habrán dado cuenta- esto es una isla, o mejor un islote, abrupto, lleno de flores, con algunas praderas, serpenteantes arroyos, que únicamente se encuentra habitado por un servidor, el burro delante..., y otros pocos desencantados, escasos, que han huido a bordo de una pequeña barca, remando a lo bestia y leyendo a lo listo, del "Caspa & Bilis": un transatlántico inmenso, horrible... en el que por las noches no deja de sonar la charanga ¡hasta las tantas! y los gritos y los insultos entre los pasajeros, a causa de la más mínima incidencia surgida, incluso de su sugestión, constituyen la causa fundamental que dota de sentido a la travesía. E incluso al barco.

 

Lamentable barco el "Caspa & Bilis" avanzando a trompicones, sin un rumbo fijo, con el pasaje enredado todo el tiempo en discusiones bizantinas que acostumbran a terminar a hostias y sufriendo un naufragio tras otro a causa de la impericia y la prepotencia de la tripulación que lo gobierna. No hay que tener lástima, sin embargo. Bien satisfechos y orgullosos que se sienten unos y otros, en su inmensa mayoría, de tales peripecias: su murga, sus invectivas, su ignorancia... porque lo peor... lo más lamentable de toda esta historia de la que les hablo es que en el Caspa & Bilis nadie - ni el capitán ni la tripulación ni el pasaje- se arrepiente ni por asomo de su manera de actuar y todos ellos concuerdan en alabar casi hasta llegar a incurrir en la arrogancia, y esto es ya a mi juicio el colmo de las aberraciones, los peculiares atributos de la nave. Ese triste armatoste gris lleno de remaches y hollín que vaga a la deriva, en solitario, rugiendo, permanentemente extraviado entre fantoches, matones y aquelarres.

 

Permanezcamos entonces nosotros, a salvo, en la isla, a la espera de que venga a rescatarnos el Caspian & Bilitis, entretenidos con bromas sin saña, protagonistas de apacibles aventuras cual personajes del señor Defoe o el abate Swift y dejemos una vez más que el otro barco atraviese la línea del horizonte, ante nuestros mismos ojos, sin agitar ninguno de nosotros el pañuelo.

 

¡Uffh! ¡Ya pasó de largo! ¡Qué alivio!.